27 de noviembre de 2010

Paradigma interminable, confusión

Desde el principio de los tiempos,
siempre hubo una voz que me dice que te quiero,
Todo esto sin razón. ¿Me podés explicar esta ilusión?
Decime que me amás y entregame tu corazón.

Cuerdas flojas se preocupan de tu resurección.
Gritos de angustia te llaman, pero seguís ausente.
No puedo extrañarte y olvidar cómo quererte.
Si todo vuelve, ¿Por qué no volvés?
¿Te quedastes allá y perdistes tu tren?
Olvidate de mi, completa y absolutamente.

¿Valdría la pena buscar blanco del negro?
Ansiosa primavera me asombra entre tus ojos,
buscando vanidad de tu perplejo casi roto.
Encuentro afectuoso un generoso acto imperfecto,
y esta firma intachable condena al contrato a morir,
un papel en el cielo. Justiciero honorable, por siempre.

Imaginar un mundo perfecto, y despertarse en ese mismo,
es crecer en tus alas y encontrarle vocación a la vida.
Buscar el punto decisivo donde saltar,
y sobre tus ojos aterrizar, sería una locura sin desesperanzar.
Estoy sentenciado a tu amor. Dejáme escapar, dame la llave,
sé que no puedo más, la eterna espera terminó.
Y finalizó con uno de tus gritos que mencionan hola y adiós.

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