19 de diciembre de 2010

El sol siempre está, solo hay que saber mirarlo

Hoy soñé con vos, te ví por un momento.
Pero desperté y en un segundo todo terminó.
Morir sin nacer, ya no es pecado ni ley.
Hoy en día podés hacer lo que querés,
pero si te sale mal, sabés que no hay marcha atrás.

Decile a la luna qué hiciste todo este tiempo,
yo te digo que por vos estuve muriendo.
En tus ojos se esconde la falsedad en persona,
pero sé que detrás de tu mirada hay mucha bondad.
Porque cuando te conocí cambió todo. Cambié.
Sólo tenía ojos para vos, en vos estaba postrada mi mirada.

Amor y paz dice el encanto en tu forma de pensar,
buscabas lo mejor y sabías aprovechar más que nadie.
Pero luego tu salud empeoró, tus acordes ya no sonaban bien.
Encerrada en un cuarto de humedad fué cómo te despedistes,
tu última palabra fué adiós. Pero para mí fué hola:
Fué decir hola a un año de soledad, que nunca iba a terminar.

Quiero escapar de tus memorias, quiero poder nadar en olas,
quiero poder amar en libertad, y nunca más volver a fracasar.
Quiero expresar lo que siento en mil hojas y no en un cuento,
para que nunca tenga un final.
Que mis poemas deleiten la historia de amor más linda
de todas, una historia de amor, sin final.
Aunque mueran los protagonistas, el amor nunca los separará.
Ni siquiera el viento más fuerte, ni siquiera el sol más caliente,
podrá con nuestro amor.

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